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Sosa cáustica para jabones en perlas de máxima pureza, también llamada hidróxido sódico, hidróxido de sodio, soda cáustica o NaOH, es el álcali con el que se saponifican los aceites y las grasas para hacer jabón artesano en frío. Se presenta en perlas blancas translúcidas e inodoras y se disuelve por completo en agua. Es un producto corrosivo: se manipula con guantes, gafas y mascarilla, y nunca al alcance de los niños.
La sosa cáustica es el nombre común del hidróxido sódico, una sustancia inorgánica de un solo componente que se presenta en perlas blancas translúcidas, sin olor. Es el álcali fuerte con el que se elabora el jabón artesano: al mezclarse con una grasa o un aceite desencadena la saponificación, la reacción que convierte esa grasa en jabón y glicerina.
Conviene no confundirla con la potasa cáustica: la sosa (hidróxido sódico) da jabones sólidos, en pastilla, mientras que la potasa (hidróxido potásico) da jabones blandos y líquidos, como se ve en esta guía del jabón potásico paso a paso. Si lo que buscas es no manipular perlas, existe también la sosa cáustica líquida al 30 %, ya disuelta y lista para usar.
Trabajamos con sosa cáustica en perlas de calidad técnica A-SUP y una riqueza mínima garantizada del 99 % de hidróxido sódico: es la misma sosa que se usa en jabonería profesional, y lo respalda la ficha técnica que puedes descargar más abajo. Lo que queda por debajo de ese 1 % es carbonato y cloruro sódico procedentes del propio proceso de fabricación.
Ninguna sosa cáustica del mercado es hidróxido sódico al 100 %, y por eso la riqueza se expresa siempre como un mínimo garantizado y no como una cifra exacta. Para tus recetas eso no cambia nada: la sosa se calcula al 100 %, que es como trabajan las calculadoras de saponificación, y esa diferencia inferior al 1 % la absorbe de sobra el sobreengrasado. Lo que no conviene hacer es añadir sosa de más para «compensar» la pureza, porque entonces el jabón se queda con álcali libre. Ante la duda, siempre menos sosa y nunca más: un jabón con poca sosa queda blando y graso, pero no lastima.
La proporción que viene en el envase —0,5 kg de sosa por cada 3 litros de aceite o grasa y 3 litros de agua— es la del jabón de lavar de toda la vida, y está pensada para grasas duras tipo coco. Conviene saberlo, porque no todos los aceites piden la misma sosa y ahí es donde suele venir el disgusto.
A grandes rasgos: el aceite de coco es de los que más sosa necesitan, y con él esa proporción del envase se queda bastante ajustada. En cambio el aceite de oliva, el de girasol y el aceite usado o reciclado piden bastante menos, en torno a una cuarta parte menos que el coco. Así que si coges la proporción del envase tal cual y la aplicas a aceite de oliva o a aceite reciclado, te quedas largo de sosa —alrededor de un tercio de más— y sale un jabón muy alcalino: estupendo para fregar y para la colada, pero no es un jabón para la piel. Las mantecas, como la de karité o la de cacao, y el aceite de ricino se mueven también por la zona baja.
No lo tomes como una regla fija: la cantidad exacta depende de los aceites concretos de tu receta y del sobreengrasado que quieras dejar, que es el aceite que no se saponifica para que el jabón no reseque —lo habitual, entre un 5 y un 8 %—. Lo práctico es partir de una receta ya calculada o de una calculadora de saponificación. Y con el agua, bastante menos de la que indica el envase: en jabón de tocador se suele ir entre el doble y el triple del peso de la sosa.
El procedimiento es siempre el mismo:
Cada receta lleva su cantidad exacta de sosa según los aceites que uses, así que conviene partir de una fórmula ya calculada: empieza por nuestro manual gratuito de hacer jabones, que trae recetas de jabón de aceite y de glicerina, y sigue con el paso a paso del jabón de Castilla o el jabón para lavar la ropa, explicados al detalle. Si empiezas de cero, el kit de iniciación a los jabones de aceite trae ya reunido lo necesario.
La sosa cáustica es muy higroscópica: absorbe la humedad y el CO₂ del aire, se apelmaza y va perdiendo fuerza, porque el CO₂ la convierte poco a poco en carbonato sódico, que no saponifica. Si al abrir el envase las perlas están apelmazadas o hechas un bloque, esa sosa ha perdido fuerza y no deberías usarla para hacer jabón. Guarda el envase perfectamente cerrado, en un lugar seco, fresco y ventilado, lejos de ácidos y de metales como el aluminio, el estaño o el zinc. Comprueba el resultado de tus jabones con unas tiras para medir el pH —te explicamos cómo medir el pH de un jabón paso a paso— y consulta cómo conservar los jabones artesanales una vez cortados.
Hacer jabón es su uso principal, pero no el único: la etiqueta del envase recoge otros dos usos domésticos, y son los que busca la mayoría de la gente cuando pregunta para qué sirve la sosa cáustica. Desatascar y decapar. En ambos casos se manipula con las mismas precauciones que en jabonería: guantes, gafas y sitio ventilado.
La sosa cáustica para tuberías funciona porque disuelve la grasa, el pelo y los restos orgánicos que taponan el sifón. Para desatascar con sosa cáustica un fregadero o un lavabo, vierte una cucharada sopera por el desagüe, añade a continuación un vaso de agua caliente, deja reposar 30 minutos y aclara con abundante agua.
Si el atasco persiste puede repetirse, pero solo cuando ya no queden restos del producto anterior: nunca eches sosa sobre un desagüe que todavía tenga dentro otro desatascador, porque pueden reaccionar entre sí. Y no sobredosifiques —en exceso llega a compactar el atasco en lugar de deshacerlo—, que es el error más común al desatascar tuberías por primera vez.
Un aviso que conviene no saltarse: la sosa es corrosiva para el aluminio, el estaño y el zinc. Si tu instalación es de alguno de esos metales, no la uses.
Como decapante sirve para quitar pintura de superficies que aguanten el álcali. Para decapar madera con sosa cáustica, prepara una pasta con sosa y agua, aplícala en caliente con un pincel sobre la zona a tratar y espera a que la capa se reblandezca para retirarla rascando. Después hay que neutralizar y aclarar la madera a fondo antes de volver a tratarla o barnizarla.
Ten en cuenta que la sosa cáustica en la madera oscurece las especies ricas en taninos, como el roble o el castaño, y levanta la fibra. Prueba siempre antes en una zona poco visible. Sobre aluminio, plásticos delicados y superficies pintadas que quieras conservar, no la uses.
Producto clasificado conforme al Reglamento (CE) nº 1272/2008 (CLP). Pictograma GHS05. Palabra de advertencia: PELIGRO.
Consejos de prudencia:
Además, la disolución en agua y el contacto con ácidos fuertes son reacciones muy exotérmicas, y sobre el aluminio, el estaño y el zinc desprende hidrógeno, que es un gas inflamable. Trabaja siempre con gafas de protección antisalpicaduras y guantes de seguridad, en un lugar ventilado, con recipientes de plástico o acero inoxidable —nunca de aluminio— y mantén el producto fuera del alcance de los niños. En caso de accidente, Servicio de Información Toxicológica: 91 562 04 20.
Jabón de verdad, no: sin un álcali no hay saponificación. Lo que sí puedes hacer sin manipular sosa es partir de una base de glicerina ya saponificada, que solo hay que fundir, colorear y perfumar. Aquí tienes las diferencias entre el jabón de aceite y el de glicerina para elegir con criterio.
Las utilidades y el rendimiento son los mismos. Las perlas generan menos polvo al verterlas, así que resultan más cómodas y algo más seguras de manipular.
Siempre la sosa sobre el agua, despacio y removiendo. Al revés la reacción es violenta y puede salpicar disolución cáustica.
Si la fórmula está bien calculada y respetas la curación, no: toda la sosa reacciona con la grasa. Por eso conviene seguir recetas contrastadas y comprobar el pH antes de usar el jabón.
Sí, y es de los usos más agradecidos. Fíltralo bien antes para quitarle los restos de fritura y ten en cuenta que el aceite de oliva o de girasol usado pide bastante menos sosa que el de coco, así que parte siempre de una receta calculada para ese aceite.
Funciona bien en desagües domésticos de PVC y de gres, que es lo normal en una vivienda. Pero es corrosiva para el aluminio, el estaño y el zinc: si tu instalación es de alguno de esos metales, no la uses. Tampoco la mezcles nunca con otro desatascador que ya esté dentro del desagüe.